Capítulo 17. Caramelos.

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Cuento-infantil-caramelos




La abuelita Mariló había telefoneado a mamá para que le ayudara a hacer unas compras. Durante el trayecto hasta la tienda, Mariló nos contó a mi amiga Lalina y a mí, su Rukkia mimoseta, un peque secreto: 


«La mamá de Rukkia, cuando tenía vuestra edad, solía esconder debajo de su cama una cajita llena de dulces. Los cuidaba como animales indefensos. Se encerraba en su cuarto y colocaba aquellos pasteles debajo del telescopio, que le trajeron los reyes, y los observaba durante horas; hasta que un día descubrió cual era la esencia vital de la dulzura. Desde ese momento se atrincheró en la cocina para no dejar que nadie, excepto ella, usara el horno. El abuelito saboreó los mejores pasteles, cup cakes y muffis del mundo. Yo, a día de hoy, sigo sin saber cuál es el secreto para que su comida tenga ese sabor tan especial”. 

sabor-especial

 Lalina y yo aplaudimos emocionadas. Mamá me miró desde el espejito que está pegado al cristal del coche, me guiñó un ojo a la vez que se llevaba el dedo a los labios. 


Al llegar a la calle principal, le rogué a mamá que me dejara ir con el triciclo que estaba guardado en el maletero. Era mi juguete de recambio, siempre lo llevábamos allí porque mamá conoce mis ataques: los enfados biporukkiales, como ella los llamas; o paseo toda precioloca por la calle sin dar un solo ruido o me tiro al suelo. 


«¡No arrolles peatones! Si me lo prometes te daré más caramelos», me dijo la abuelita mientras sacaba del bolso uno para Lalina y otro para mí. Las ruedas del triciclo chirriaron en la carrera con Lalina, que iba trotando encima de un unicornio imaginario.  

triciclo-niña


Caminábamos por las manchas de sol y sombra que moteaban la calle. Mamá se detuvo en la frutería, con la boca abierta y los ojos como moldes de madalenas. Corría de un estante a otro cogiendo frutas y amontonándolas contra su pecho. La abuelita debatía con la tendera sobre lo infantil que pueden ser los adultos en algunas situaciones. 


Yo cruzaba la calle peatonal de una acera a otra, llevando a Lalina de copilotona. Dos mujeres mayores se quedaron mirando hacia el interior del local y empezaron a cuchichear. Me aproximé hasta ellas, le dije a Lalina que nuestra primera misión como el equipo de las revoleras sería espiar a esas dos gallinitas. 

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—Las acusaciones son terribles —dijo la mujer más bajita —.  Por lo que se ve la señora Mariló golpeó al bueno de don Leandro con un martillo en la cabeza. ¡Quería matarlo! Si no llega a estar el sheriff allí, no sé qué hubiese pasado— La otra mujer asentía horrorizada —. Pero eso no es lo peor, como no pudo acabar con su vida, esa misma noche fue hasta su casa y lo secuestró, por eso la detuvieron. Pero como no han encontrado ninguna prueba que la incrimine, la han puesto de nuevo en libertad. ¡Así va el país! Han buscado a don Leandro por toda la provincia, pero no ha aparecido. Existe todo tipo de conjeturas acerca del extraño y misterioso motivo que ha podido llevar a esa señora a poner en práctica algo tan descabellado —. Ambas mujeres mostraban una mueca que expresaba ira y desprecio —. Y yo creo que, aparte de ser una mala persona, esa señora quería… —. El triciclo chocó con un impulso mágico de mis piernas contra las espinillas de aquellas dos mujeres, el embiste fue tan fuerte que, la que había estado hablando sin parar, cayó de rodillas en mitad de la calle. 

sonido-caida


Mariló salió corriendo de la frutería y le tendió la mano a la mujer, ella la rehusó. «No quiero que me haga lo que le hizo a don Leandro. ¡Socorro!». La mujer gritaba enfurecida en el suelo, moviendo las patas y las manos como una tortuga boca arriba. 


La amiga se acercó, le agarró el brazo con ambas manos e intentó hacer fuerzas, pero no la levantó del suelo. La gritona resoplaba con sus gruesos labios recriminándole. La amiga se colocó a su espalda para empujarle, mientras ella se removía, un embiste más brusco hizo que la amiga cayera de bruces. Ambas retozaron en el suelo como dos cerdos hinchados de helio. 


El sheriff Llorens se presentó en mitad de la calle, su gorra emitía luces rojas y azules que impregnaban las paredes de las tiendas. Mientras ayudaba a las señoras intentaba no reírse, pero aquella escena cómica de caídas y grititos hacía reír a todos los asistentes.   

gorra-multicolor

La chillona se agarraba del pantalón del sheriff mientras la amiga intentaba sujetarse de las esposas que colgaban del cinturón. Todos enmudecieron cuando Llorens se quedó en calzoncillos en mitad de la calle, para soltar una estruendosa carcajada. Las piernas del señor Llorens estaban formadas por hierros que se cruzaban como las varillas de las ruedas de una bicicleta. 


La abuelita Mariló nos regaló la bolsita llena de caramelos mientras me sonreía, nos agarró a ambas de las manos y caminamos con la cabeza vuelta hacia el espectáculo callejero por entre las tiendas alineadas a cada lado de la calle.  

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12 comentarios

  1. Respuestas
    1. ¡Eulalia, yo a parte de ser una revolera linda y mona, en mis ratos libres soy una escritora novel! Jajajaja...

      Este es el capítulo 17 de las vivencias de Rukkia, todos y cada uno escritos por mí para que mis lectoras conozcan un poquito más a Rukkia Revolera jajaja...

      Me alegra que te haya gustado...

      ¡Un muackiles!

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  2. Jajaja. Estás que te sales. Muy bien niña traviesa.
    Besos.

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    1. ¡Bueno, bueno... que Lalina también ha intervenido en el ataque a las Gallinas Cotorras!

      ¡Un muackiles!

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  3. Se lo tenían bien merecido. Me encanta el lenguaje que utilizas para las historias, es super original. "Biporukkiales"...ja,ja,ja.. menuda ocurrencia.
    Besitos :D

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    1. ¡Dejadme sola en la RAE y os sacaré una enciclopedia de 30 tomos de palabras nuevas todos los meses! Jajajaja

      ¡Un muackiles!

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  4. Yo quisiera saber ese secreta para conseguir el sabor especial!! Me encanta como describes las cosas!!

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    1. Ese secreto lo compartí en el capítulo siete de mis aventuras revoleras jajajaja...

      http://elrevoleromundoderukkia.blogspot.com.es/2014/09/capitulo-7-la-cosa-mala-de-la-abuelita.html

      ¡Un muackiles!

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  5. "Caminábamos por las manchas de sol y sombra que moteaban la calle", qué hermoso. Me he quedado encantada con la forma como escribes.

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    1. ¡Gracias, Karina! Son cuentitos que ilusionan a niños y mayores jajajaja....

      ¡Un muackiles!

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  6. La pequeña Rukkia me sorprende en cada nuevo capítulo. A saber qué hara ahora.

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    1. ¡A saber dónde me llevará mi mami! Seguro que no tendré tiempo de aburrirme jajaja...

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Gracias por transmitirme tu cariño con este comentario...

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