Capítulo 15. El Baile de la Lluvia.

19:37






Aquella tarde, al volver del colegio, me arrastré hasta mi dormitorio con una mochila inútil, que no sabía devorarse los deberes no hechos que había ordenado la seño Marga. Cuando abrí la puerta pude ver a mi muñeca Cristinela dando saltitos y golpeando el cristal de la ventana. Pensé que estaría haciendo una nueva versión del baile de la lluvia para que cayeran helados de fresa del cielo.

Me tumbé desplomada en la cama y todos mis peluches saltaron del colchón con carcajadas y algún lamento desubicado recriminándome que era una gigante aplastadora. Abrí la cremallera del bolsillo y saqué el papel que la seño Marga me había entregado para dárselo a mis padres.

Aquellas letras decían peligro en cada recoveco, gritaban: «¡Sin chocolate una semana!». Salté al suelo y guardé la nota debajo de la casita de muñecas, oculta con otros cuantos secretos sin sabor a tarta.



«¡Quítate las pilas! Por favor, estoy intentado dormir…», dijo el hada Kristin encolerizada. Me giré y comprobé que Cristinela hacía señales distorsionadas entre la locura y  la vagancia, llevábamos varios minutos sin hacerle ni un mérito caso.

Resoplaba mientras brincó de la ventana hasta la mesa donde Kristin dormitaba, la agarró de un ala y la arrastró restregándole el culo por toda la alfombra. Seguro que dos bailarinas como ellas llamarían mejor a la lluvia. Entonces fue cuando lo escuché: «¡Secuestran a Sonia en el jardín!».

Ella, tan golosa como la dueña, había caído en una trampa. Estaba pegada a un trozo de cartón con una babosa plasta. Intentaba despegar sus patitas y se le aferraba el hocico. Pateaba y movía el culo con rabia, bufando.

Cuando me acerqué, la trampa estaba siendo arrastrada por una cuerda. Tropecé y caí, me incorporé y continué corriendo, pero Sonia se alejaba de mí hasta el secuestrador. Pude escucharla llamándome a maullidos, con sus bigotes manchados de una mezcla extraña.


El artefacto chocó contra el muro que separaba mi casa de la del Niño Rata. La trampa trepaba por entre los arbustos mientras Sonia ponía caras graciosas mientras se pinchaba en el pandero con las ramas.

Salté y pude agarrarla de sus patitas delanteras, tiré con fuerza y Sonia puso esa cara que la cera caliente le hacía gesticular a mamá. Noté sus uñas clavándose en mis brazos y fueron mis lágrimas la que provocaron que gritara enfurecida, volviendo a tirar hacia el suelo.

Sonó un ras y después un crash. Sonia estaba encima de mi tripa con las pupilas dilatas y el rabo erizado, miró hacia ambos lados para finalmente lamerse los restos de comida.

—¡Atraparé a tu gata! —gritaba el Niño Rata al otro lado del muro —A mi papá le da alergia ese animalucho y tengo que deshacerme de él.
—Las cosas bonitas no dan alergia —le dije mientras le hacía burlas con la lengua enrollada y los ojos revolucionados.


Cristinela y Kristin arrastraban la manguera, sacudiéndose con la fuerza del chorro de agua. Entonces empezó a llover encima de mi vecino. El baile de la lluvia de Cristinela había sido efectivo. El Niño Rata retrocedió con paso inseguro, tropezando con su bicicleta y cayendo al suelo en un estruendo de llanto, berridos y patadas en el barro.

Agarré a Sonia y le di un beso en el hocico, sabía a paté. Cuando mamá salió al jardín alarmada, le anuncié orgullosa que el equipo de revoleras había salvado a Sonia del malvado Ratatontón.




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6 comentarios

  1. Pero que lindo todo! Sabes cuando lo leo me lo imagino todo! jaja
    Me imagino a mi pequeña hija escondiendo su nota del cole!
    Eres una hermosa, escribes hermoso!!!!

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    1. ¡Gracias, Wendy!

      Pero también deberías de revivir aquella pequeña Wendy que actuaba de esta forma tan revolera en su infancia jajaja... seguro que se parecería mucho a tu hija.

      ¡Un muackiles!

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  2. Y ahora entra un secuestrador en escena, lo que le faltaba a la pobre Rukkia. Supongo que siempre podrá dibujar una nube cargada de lluvia para que persiga al niño rata a todas partes.

    ¡Una historia muy entretenida! Por favor, no dejes de escribir.

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    1. ¡Leire, no me des ideas! Al final el Niño Rata me va a poner una querella criminal jajajaja... Siempre acaba empapado el pobrecito, pero él se lo ha buscado jajaja...

      ¡Un muackiles!

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  3. Supongo que este es un capitulo de la saga de Rukkia,no? Confieso que me he perdio en algunos momentos pero cuando le pille el encanto y deje volar mi imaginacion , me sentia raton..jaja. Creo que me crearas adiccion con esta historia..un besazo pequeña

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    1. Frikymama, este es el capítulo 15.... te has comido unos cuantos y has pasado desde la línea de salida hasta el hotel RukkiaSpa sin pasar por el calabozo jajaja... pero tampoco hay mucho que entender....

      ¡Un muackiles! Y déjate atrapar por la pequeña Rukkia... a mí el Sr Tocino me tiene loquita jajaja...

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Gracias por transmitirme tu cariño con este comentario...

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