Capítulo 12. Presencias.

15:57






Caminé en la oscuridad, llevaba puesto ese vestido de tutú que me hacía parecer una princesa atrapada dentro de un pastel de nata. Solté una carcajada al verme estrambóticamente deliciosa. No tenía ni pajarota idea de dónde estaba. Llamé a mi mamá, pero ella seguro que estaría inmensa en un suculento sueño en el cual el rey de los cupcakes la coronaba como la mejor cocinera del reino.

Algo me decía que al final del pasillo me estaría esperando la abuelita. En cada paso mis botas rojas de agua pesaban cada vez más. Me paré, elevé todas las capas de tela de la falda y vi que habían quedado cubiertas de barro. 

En la penumbra aprecié que alguien más estaba conmigo. «¡Ayúdame!», grité. Mis ojos se movieron en modo revolucionario, los sentía quererse escapar más rápido que mis propios pies. Una silueta de gran estatura se presentó ante mí, llevaba un parche ocultando un ojo, una verruga encima del labio y el pelo recogido en un moño donde serpenteaban gusanos viscosos.


Sonrió poniendo al descubierto unos largos colmillos, entonces anunció que la había enviado mi abuela para que me indicara el camino y me extendió una mano enguantada. «Quieres verla, ¿verdad?», llegó a decir con una voz ronca. Asentí varias veces porque estaba tan asustada que no sabía qué era lo correcto.

    Yo voy de camino a donde está ella, si quieres puedes seguirme —dijo mientras se movía con una leve meditación por encima del suelo.

Sentí esa curiosidad, más poderosa que el miedo y di dificultosas zancadas. En las paredes del laberinto se encendían pequeños ojos rojos de algún animal salvaje, a mi espalda un aullido resonó como una alarma de bomberos. 

Corrí hasta la extraña mujer y la agarré de la mano. Aunque mamá me tenía recomendado que nunca fuese con extraños, en situaciones como esa nadie podía ser un extraño.

A cada paso tenía la extraña idea de que algo se me acercaba por la espalda. En la oscuridad algo parecía moverse. Aquella cosa permanecía en silencio, en las sombras de los huecos de las paredes, hasta que lo dejábamos atrás y entonces escuchaba sus huidizos movimientos entre resoplidos.

    ¡Es solo una presencia! —anunció la pelo-gusanos —. No tiene forma alguna hasta que tú te lo imagines.



Intenté imaginarme un lobo vestido de bombero, pero sus afilados dientes  me asustaron. Entonces pensé en una Peppa Pig con cuerpo de Bob Esponja y la voz irritante de Dora la Exploradora.
    ¡No! ¡No! —dijo una voz de lobito —. Me niego a salir así de la oscuridad. Me quejaré al sindicato de monstruos y cosas horrendas. Uno tiene sus derechos. Ya puestos que esta cría me imagine vestido de la Abeja Maya con cuerpo de Hulk.

La mujer soltó una carcajada y gritó que se ciñera al guión y usara el dialecto. Me pidió que pensara en un animal que no me diera miedo. Y una bola peluda rodó cerca de mis pies, la contemplé. La pelota rebotaba en las paredes y tomaba impulso hasta brincar. Mis párpados temblaron nerviosos. 

Finalmente se paró y unas orejitas y un diminuto hocico apareció en el centro de la bola. Aquello, fuese lo que fuese, caminaba a nuestro paso, siguiéndonos. El animal peludo empezó a seguirnos, a veces se paraba y se rascaba detrás de una de las oreja para ponerse de nuevo en camino detrás de nosotras.

    ¿Qué es eso que nos sigue? ¿Y quién eres tú? — pregunté.

    Ambos pertenecemos a la oscuridad. Yo hace muchos años era humana, pero ni siquiera recuerdo cuando. Ahora me limito a ayudar a las niñas valientes que desean descubrir que sus mayores miedos solo existen en su cabeza.


Lo estaba alucifliparlo con aquella mujer. Llegamos hasta una celda donde estaba encerrada mi abuelita Mariló, tenía un larguísimo pelo blanco, vestía un camisón de rayas negras y blancas. En las muñecas llevaba unas pesadas cadenas que arrastró con dificultad cuando se acercó hasta donde yo me encontraba.

    Rukkia, cariño mío, no me imagines así —soltó la abuelita con la dulzura de su voz —. Tienes suficiente imaginación para recordarme de una manera más alegre.

Cerré mis párpados y pensé en aquel verano en que las carcajadas de la abuelita provocaba un brillo en los ojos, mientras en la cara unos pompones rosados brincaban en las mejillas. La revivía en aquel baile, como giraba y movía sus brazos.  Sus dedos me indicaban que me acercara y yo caminé saltando, corriendo, brincando.

De pronto sonaron unas fuertes campanadas, un sonido repetitivo e insoportable.

    Tu sueño abandonado será por mi señora Seltima y yo — dijo el peludo en su dialecto—. Los ojos abrir ahora.



Me desperté sobresaltada en mitad de la noche, aún recordaba la felicidad de la abuelita Mariló. Las manecitas de Mickey Mouse estaban en el cuatro y el seis. Mi tripa soltó un leve ladrido, salté de la cama para ir hasta la cocina y  chocolatizar el miedo que aún latía en mí por la pesadilla. No hay mejor antídoto para los sustos que endulzarlos. Llevaba la parte de arriba del pijama de Hello Kitty camuflado con el pantalón de Peppa Pig.

En el suelo del pasillo se reflejaba la luz parpadeante de la televisión. Seguro que papá se había olvidado, otra vez, de apagarla. Cuando entré en el salón el mando de la consola reptaba hacía mí, produciendo una vibración monocorde, chocó contra mis pies descalzos y lo agarré. En la pantalla de la tele se veía la imagen del rostro de mi papá, aparecía y desaparecía en una serie de flashes.


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14 comentarios

  1. Me lo he leído enterito y estoy desconcertada.rukkia querida,que cosas revolotean en esa cabecita?jjjjjj

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    1. ¡De todo un poco! Pero todo bueno... o medio bueno jajajaja

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  2. Qué bueno, revolera. Esa melenaza de Seltima...
    ¿En qué aventura has metido a tu padre, criatura?

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    1. ¡Esta familia es un caos! Todos necesitan mi ayuda.... jajaja

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  3. ¡Otro personaje fantástico más para la historia! Que sobrada vas de imaginación y que envidia, jejeje. Y la pequeña Rukkia, como siempre, pensando en chocolatear la vida.

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    1. ¡Lo más importante el chocolate, después el chocolate blanco y para terminar el chocolate negro! Jajajajaja

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  4. Está genial. Luego te digo alguna cosilla. El relato es muy entretenido. Te sobra imaginación por todos los lados. Qué gustazo.
    Besurrukis.


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    1. ¡Ya podían sobrarme chocolatinas! Jajajajaja...

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  5. ¡Qué susto!!!!! Guauuuu...alucinante el personaje y terrorífico...ja, ja, ja.

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    1. ¡Pero... que... que... que quede claro... yo... yo... yo he sido muy... valiente! Jajajaja

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  6. Jajaja... hasta a mí me ha dado miedo yo misma, incluso repelús por lo de los gusanos. Maja, que yo llevo serpientes, no esas cochinadas, y la verruga la tengo, pero en otra parte que me callo, ji ji.

    Madre mía qué historia... vas embalada como un Ferrari. Y la abuela Mariló te va a castigar sin Lacasitos de postre.

    Un abrazo.

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    1. ¡Este ser oscuro es adorable con gusanos o con serpientes! Jijijiji...

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  7. Voy algo atrasada pero pienso ponerme al día con las aventuras de mi nieta. Buen trabajo, niña. Y contigo lo de la imaginación al poder no hace falta, tu la tienes toda...

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    1. Toda esta imaginación viene de la abuelita que me contaba muchas historias de peque jajaja...

      ¡Un muackiles!

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