Capítulo 11. Valiente.

0:01





Kristin, después de tomarse dos cafés y de darse una ducha con la regadera, lo contó todo: 


El pasado jueves por la mañana la abuelita se colocó una camiseta verde con una señal de stop, aferrada a su mano derecha llevaba una pancarta, condujo hasta la otra punta del pueblo donde una multitud con idénticas camisetas ya habían empezado con la sentada. Varios se retiraron cuando la vieron aproximarse, caminaba con la cabeza levantada y con una de sus sonrisas contagiosas.


La puerta de la casa se abrió antes de que llamara, dentro la esperaba su amiga Theru aún en pijama. Ambas se abrazaron con tanto afecto e impaciencia que el paragüero cayó al suelo, provocando que las dos mujeres chillaran asustadas como dos gallinas que descubren que el pizzero, que le acaba de traer la comida, es el mismo lobito malo. 

Días antes, la noticia del desahucio fue recibida con un silencio helador por ambas mujeres, cualquiera hubiese imaginado que un cartero-muñeco de nieve entregase una carta fabricada con cubitos de hielo.




Aquella amiga de la infancia temblaba como un animal acorralado, no se estaba un momento quieta y se mordía las uñas. Allí estaban todos sus recuerdos: los retratos, las medallas ganadas en las competiciones, sus álbumes con las fotografías de todos los viajes por el mundo, además de esa casa que su difunto marido había construido con sus manos.


En la calle las voces aumentaron cuando apareció un coche escoltado por la policía. Leandro, el director del banco Sandemonium, dialogaba cordialmente con el sheriff Llorens, que caminaba como si en sus pies tuviera incrustadas unas ruedecitas. Theru se escondió tras la espalda de Mariló mientras la abuelita intentaba ofrecer una sonrisa valiente.




—¡Buenos días! Señora Theru ya sabe a lo que vengo, espero que todo se desarrolle de la mejor forma posible y no cause usted ningún problema ni tampoco nadie de sus perros flautas — la voz de Leandro sonaba como a anuncio radiofónico.


—¿No sé da cuenta de que ha estafado a una pobre mujer? —dijo Theru a la vez que hacía presencia delante de los dos hombres —. Es usted una bestia sin corazón, un desalmado, una terrible criatura que se alimenta de tragedias humanas —Leandro escuchaba tranquilo, ninguno de aquellos descalificativos cambió su cara. Ni un parpadeo, ni un leve sobresalto —. Señor Sheriff, ¿usted no hará nada por defender a los más débiles? —replicó ella con una voz temblorosa en la que había un atisbo de duda sobre la seguridad de su pregunta.


Don Leandro le pidió amablemente a la abuelita Mariló que abandonara el lugar, a lo que ella se negó con rotundidad. El director del banco dio un par de pasos hacia ella con la intención de agarrarla y sacarla a la fuerza, pero Theru hizo un salto mortal en el aire para plantarse delante de su amiga. 

Desató el cinturón de la bata y lo agarró entre las dos manos, lo movió como si se tratase de un látigo. Los chasquidos  asustaron a Leandro que intentó protegerse detrás del sheriff. «No vas a tocar ni un pelo de mi amiga. ¡Y ya te estás largando de mi casa!», dijo Theru en plena posición de ataque. 

Llevaba bastante tiempo sin realizar kárate, pero algo en su interior revivió aquellos años. En las paredes las medallas resplandecieron, aportándole fuerzas especiales a su dueña.




Llorens trató de calmar a la buena de Theru, le prometía que si ella conseguía que todos los asistentes a la manifestación se retirasen, él convencería a don Leandro para anularlo todo. 

De repente, la abuelita vio como el trajeado director agarró la pistola que Llorens llevaba en el estuche atado al cinturón y apuntó con ella a las dos mujeres.


—¡Acabemos de una vez! Ahora vais a salir todos de esta chabola y no vais a crear más altercados —dijo Leandro con la mano temblando.


Las dos mujeres levantaron los brazos y caminaron hasta la puerta de salida. Leandro sonreía satisfecho. Mariló caminaba despacio contemplando las baldosas desiguales con que el marido de Theru había construido el suelo. 

Llorens se quejaba de la situación tan estúpida en la que estaba involucrado. Theru se despedía de su hogar con lamentos, el labio inferior le temblaba y sus hombros se agitaban descontroladamente. Las lágrimas rodaron por sus pómulos. 

Mariló tropezó con uno de los paraguas que estaban desparramados en el suelo, lo agarró con fuerza y asestó un golpe en la cabeza de don Leandro. El hombre retrocedió trastabillando para desplomarse sobre el suelo, a la vez que un disparo salió del arma clavándose en una de las medallas de la pared.


El ruido alertó a los manifestantes que entraron en la casa asustados, se colocaron en cada rincón con el empuje de una inmensa trompa de agua. Mariló y Theru miraban asustadas al suelo, donde yacía el cuerpo de don Leandro totalmente inmóvil. 

Llorens se aproximó el dedo gordo de la mano derecha a la boca y trasmitió órdenes de que necesitaba más efectivos en la zona. En medio de las quejas de los asistentes y la confusión, se oyó un clic metálico. 

Llorens tuvo la consideración de posar la mano en la cabeza de Mariló y de empujársela con delicadeza hacia abajo a fin de que no se golpease al agacharse para subir al furgón.


 


De seguro también te gusta...

20 comentarios

  1. Jajajaj, esto se pone interesante. Bien, Rukkia

    Muchos Rukkibesos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Serán la abuelita Mariló y su amiga Theru las nuevas defensoras del pueblo?

      ¿Cómo habrá que llamarlas? ¿Abriendo un paraguas? Jajajaja...

      Eliminar
  2. Madre mía!!
    Desde luego te viene al pelo el nombre de Revolera!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Revoluciones Revolera! Revolucionamos tu vida para que sea más revolera jajajajaja

      Eliminar
  3. ¡Asi que era esto lo que le había pasado a la abuelita Mariló! No me lo imaginaba para nada. Pero ha sido un detalle muy bonito ayudar así a su amiga Theru.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡La amistad ante todo! Es una de las muchas cosas que me ha enseñado la abuelita Mariló...

      Eliminar
  4. La abuelita Mariló en las Pad, y Theru karateka, qué bueno. Lastima que Leandro sea tan buitre.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Theru seguirá haciendo de las suyas por ERMDR... y don Leandro... ¿qué pasará con él? ¿Lo habrá finiquitado la abuelita¿ ¿Le pondrá una querella criminal?

      ¡Esto huele a.... RukkiLey y RukkiOrden! Jajajajajaja.... aunque también puede desembocar en un Sávalme Deluxe... don Leandro rajando todo jajaja

      Eliminar
  5. Vaya, Rukkia, eres un poco bruja, en los años 80 fui director de Banco aunque no llegué a ser tan buitre y mira que lo intenté, jua jua.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajaja.... Si cuando hice el casting para personajes revoleros, tú dabas el perfil de banquero... si lo sabía yo jajajaja...

      Ahora bien... ¡no denuncies a mi abuelita! Que se la llevan y me deja solita.... Esto queda en empate y a hacer las paces con una guerra de cupcakes jajajaja...

      Eliminar
  6. Hurra por la abuelita y su amiga Theru. ¡Qué orgullo de mujeres!!!!! El hada Kristin es el no va más... ja, ja, ja.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo ya me veo a la abuelita Mariló y a su amiga Theru abriendo manifestaciones contra la opresión y los abusos...

      Eliminar
  7. ¿Veis lo que es una amiga de verdad? Pues eso, la abuelita de Rukki ha dado ejemplo de lo que es ser una buena amiga ¡que suerte tengo! Ahora, lo del banquero no tiene nombre, pero ahí estaremos, mi gran amiga y yo para defender lo que haga falta. ¿Para cuando el siguiente capítulo? ¡Que impaciencia!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Ains Theru, qué suerte tienes de contar con una gran amiga así! Y lo más importante, que tu amiga tenga una nieta tan revolera jajajaja

      Eliminar
  8. Riquiiiísimo el pastelito, así da gusto comentar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Es de buena educación dar pasteles a mogollón! Jajajajaja

      Eliminar
  9. ¡Dios, mío, Dios, mío! has sacado a relucir mi pasado revolucionario...

    Un beso, tengo buenas amigas... Incluso el banquero D. Leandro me prestó, hace tiempo su sabiduria. No es tan malo...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Espero que no te pida intereses por su sabiduría! Jajajajajaja... sería impagable....

      Eliminar
  10. Ostras, un desahucioooooooooo. Mechachis... pero ¿cómo no llamáis a la bruja Seltima? Con su bífida lengua venenosa y sus dientacos, lo arregla todo en un santiamén, jajaja.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajaja... tendrían que haberte hecho un llama y cuelga jajaja...

      Eliminar

Gracias por transmitirme tu cariño con este comentario...

Google+

RukkiFans