Capítulo 10. La Misión de Kristin.

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Lalina tenía una mueca que expresaba una mezcla de no-me-lo-creo y déjame-sorprender. Le conté tres veces lo que ocurría con el libro. Su respuesta chispeó en sus ojos mientras decía una y otra vez: «¡Demuéstramelo! ¡Hazlo, ahora mismo!». Pasé las hojas ya usadas del cuaderno y estuve un ratito dando golpecitos con la parte trasera del lápiz contra mis dientes, pensando que dibujar.

Lalina garabateó una especie de muñeco con las orejas muy grandes, yo quería hacer un animal y le añadí unas manos de oso, ella trazó un pico retorcido a la altura de la boca, lo coroné alrededor de la cabeza con una margarita gigante. La lengua que hizo Lalina era alargada y fina, las piernas estaban formadas por cuadrados agrupados como un muñeco de nieve.

La hoja explotó en un leve humo marrón que olía a basura al sol. Las dos nos apartamos y vimos a la criatura tomar forma lentamente, como si le costara moverse. Su voz era gangosa y sus paticortas patitas le producían una cojera bastante cómica. Me coloqué detrás de él y lo imité con un murmullo de Chiquito de la Calzada apagado por las carcajadas de Lalina.





«Doña Ruido, ¿podrías graparte la boca durante unos cuantos minutos?», la hada Kristin a la vez que hiperventilaba con sus ojos llenos de ira. Lalina se aproximó a ella y levantó su dedo índice para tocarla, pero Kristin salió volando hasta el techo mientras bufaba. «¡Menudo insectaco!», fue el comentario embobado de mi amiga.

Le prometí al hada que dormiría tranquila cuando cumpliera mi misión, mientras le refrescaba la tarea sus ojos soñolientos parpadeaban todo el rato. Su brillo purpurino flotó en el aire durante varios segundos después de su rápida huida del cuarto.

El muñeco deforme permanecía sentado en el suelo, mi muñeca de tela lo estaba tratando de convencer para que firmara en la recolecta contra el deshielo ártico. Le debatía sobre temas tan aburridos que mis ojos se cerraron como almejas aflamencadas.

     Cristinela siempre tan preocupada por el mundo —dijo Lalina a mi espalda.
     ¿Cristinela? ¿Quién es Cristinela? — Lalina había confundido el nombre de mi muñeca— Ella se llama Trapela, porque es una muñeca de trapo.
     No, se llama Cristinela. Ella me lo dijo hace tiempo… además lo lleva bordado en su vestido.



Atrapé a la muñeca y alisé los pliegues de su vestido fabricado con trozos de ropa y vi claramente: Cris-Ti-Ne-La. Aquello era un punto extra para mi amiga y cero patatero y mendruguero para mí. El nuevo recorte estaba de puntillas intentando atrapar a mi Cristinela. Hablaba despacio por su boca de trompeta, como si le costara pronunciar cada palabra.

Deposité a la muñeca en sus manos monstruosas y los ojos se le llenaron de una alegría eléctrica. De repente Kristin revoloteó hasta pararse encima de la casita de muñecas, con ambas piernas separadas en lo alto de la chimenea. Tenía las manos en la cintura y una cara de sermoneadora oficial.

     Ya lo sé todo. Ahora me voy a dormir.
     ¿Qué? — dije alarmada —. ¡Cuéntamelo!
     ¡No! Tú me pediste saber que ocurrió con tu abuelita, cuando lo supiera dormiría tranquila. No dijiste nada de contártelo. Así que ahora déjame dormir y cuando despierte, después de mis veinte horas de siesta, te lo contaré todo.


Estaba convencida de que Kristin me la estaba jugando. Saqué del cuarto a todos los muñecos molestos para que durmiera tranquila, quería evitar que tuviera alguna nueva excusa para no contármelo todo.


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12 comentarios

  1. Bueno, bueno. Esto se va llenando. ¿Cómo se llamará el nuevo monigote?

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    1. ¡No me gusta que haya tanta gente! Al final hay menos trozos de tarta por cabeza jajajajaja

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  2. Qué bueno!! Mira que no ver el nombre de la muñeca!!
    Por cierto, me reconozco en la postura de la chimenea jajajajaj

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    1. ¡Kristin, no nos hagas esperar más cuenta lo que ya sabes! Jajajaja

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  3. Estupendo, guapa. Vas creando la intriga dando vida a nuevos personajes. Es entretenido seguirte.
    Besos.

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    1. ¡Al final estos relatos van a estar llenos de grandes secundarios!

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  4. No puedo dejar de reírme... este capítulo es INCREÍBLE. Esa hada me tiene enamorada...es un pelín tramposa, o demasiado estricta en sus palabras.

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    1. ¡Yo creo que Rukkia es demasiado inocente! Jajajaja

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  5. Pues si que se hace difícil conseguir información de esta hada. ¡Al despertar es capaz de decirle a Rukkia que no le dirá nada hasta que le consiga un pijama de invierno gordito y cómodo!

    Para que no llores, aqui te traigo una tarta nueva. Una que le gustaría hasta al hada Kristin.
    http://1.bp.blogspot.com/_vbUu5z3dk6M/S6uwdH9nX6I/AAAAAAAABM0/xUgtmekJkr4/s1600/8.JPG

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    1. Pero si es la hada Kristin en modo tarta... ¡Chocodelicosa! Jajajaja...

      ¡Gracias!

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  6. A ver si Kristin suelta prenda de una vez...

    Estupendo..

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    1. ¡Sí, todos hemos estado a punto de sobornar a Kristin! Jajajajaja

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