Y si Rukkia fuera Khaleesi...

9:00









Soy Rukkeesi, madre de Peppas Pig. Nacida en la madrugada de los tres arcoíris en la isla-fortaleza de Villa Bizcocho, el sagrado hogar ancestral de la Casa Cupcake.


Mi abuelita Marilhoella me entregó tres huevos de chocolate, de los que surgieron tres Peppas Pig diminutas, a las que llamé: Botón, Pegatina y Cosquillas.


Fui invitada al cumpleaños de mi amiga Lalinall en la Casa de los Flanes. Todos admiraron y aplaudieron la coreografía que había preparado con mis peppapigllas para el baile del pollito pio.


Mientras le entregaba mi regalo a Lalinall, Botón movió su cilíndrica nariz y olfateó el aire, algo delicioso atraía su atención. Caminó por el jardín hasta que descubrió un pequeño bombón en el suelo, cuando estaba dispuesta a dar el primer bocado aparecieron Pegatina y Cosquillas.


Las tres rodaron por el suelo mientras el trocito de chocolate daba botes de una a otra, escapando para no ser devorado. Una burbuja de polvo las cubrió a las tres, solo se veía un torbellino de lenguas intentando lamer el bombón.


De repente las tres peppapigllas se encontraron atrapadas. Alguien las había encerrado. Chillaban con un berrido que parecían pedorretas.


Estuve varios minutos llamándolas, tenía cuatro trozos de tarta en el plato de plástico. «¡Comeré de este trozo si no salís!». Y le hinqué la cuchara y para dentro que fue, pero ninguna de las tres apareció.


«¡Comeré de este otro si no salís ahora mismedete», grité enfadada. Solo se escuchaba el chasquido de los dientes de veinte niños masticando y observando como yo buscaba detrás de los escondites más diminutos.


Levanté una maceta y encontré dos gusanos que, sorprendidos, dejaron de bailar y me sacaron la lengua. Pedí perdón y continué buscando a las tres peppapigllas. Mi amiga Lalinall me ayudó, pero no había rastro de ninguna de ellas.


Uno de los niños gritó desde el interior de la casa, cuando acudimos a su llamada vimos como alguien arrastraba una caja pesada. El extraño ser, envuelto en una capa negra, se giró y pude ver que se trataba del Niño Rata.


Le agarré de un extremo de la capa mientras Lalinall tiraba de la otra punta, el malvado niño hacía fuerza apretando sus brazos e inclinando la cabeza hacia delante. Un fuerte tirón lo hizo caer al suelo y soltar la caja.


Las tres peppapigllas escaparon revoloteando, agarraron varios objetos y se los arrojaron al Niño Rata que se refugiaba escondido debajo de la mesa y detrás del sofá,  mientras una lluvia de cacahuetes, de sándwiches  y patatas fritas le golpeaba.


Finalmente se colocó la caja encima de la cabeza. Entonces de su bolsillo cayeron varios bombones. Cosquillas y Pegatina volaron hasta el suelo para comérselos, fue el momento en que el Niño Rata, con todo el pelo pringado de mayonesa, kétchup y algunos restos de mortadela con aceitunas, pudo escapar entre las carcajadas de los demás niños.




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15 comentarios

  1. ¡Menuda batalla campal! Imaginación no te falta.
    Muy bueno.

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    1. ¡Tita Lupe, de estas existen varias en mis historias revoleras! Jajajaja..

      Mi vida es muy divertidamente intensa jajaja.

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  2. Esto se lo tengo que contar a mi sobrinita de cinco años; Minerva. Le va a encantar esta historia.
    Gracias por hacerme reír con tus historias, Revolera.
    Muackkkk

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    1. ¡Qué orgullo que mis historias sean leídas a niños! Un pasito más para ser una nueva Elvira Lindo, con mi Rukkita Coletas jajajajaja.

      Ya me contarás que tal la experiencia.

      ¡Un muackiles, Rosalía!

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    2. Perdona mi atrevimiento, Sonia, pero tienes un don con este género y debería comenzar a plantearte hacer una serie del personaje. El mundillo, el lenguaje y la cercanía a los niños es palpable en tus historias... además, no sabes el bien que le haría a muchos niños que no sonríen.
      Besitos amore.

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    3. ¡Ains, Rosalía! Eso es porque tú me ves con unos buenos ojos... jajajaja.

      Pero sí, me siento muy cómoda en este genero y, por ahora, es el que más me agrada a la hora de escribir...

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  3. Precioso, como todo lo que sale de tus manos...Tienes un toque mágico para sacar una sonrisa.
    Un achuchón a mi nieta más traviesa.

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    1. ¡Esta Rukkia al final os va a enamorar a todos! Jijijiji...

      Un grandísimo muackiles, abuelita Mariló....

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  4. Sí señor, yo seguiría el consejo de Martina.
    Sonia, se te da muy bien el tema infantil. Hacer reír a cualquier persona, niño o mayor, es un don que no tiene cualquiera y que merece la pena desarrollar a fondo. Haces que la gente aprenda a ser divertida y más feliz.
    Son relatos estupendos y divertidos. Besos.

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    1. ¡Ains, qué cositas tan lindas dices! Pero has dado en el clavo: tengo que desarrollar a fondo este género, porque por ahora solo he empezado con pequeñas historieras. A saber en qué acaba este viaje...

      ¡Ya todos estás expectantes! Jajajajaja

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  5. "Alguien las había encerradas" ¿¿¿???? ¿Concordancia?

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    1. Jajajajaja, son pequeñas trampas que ponemos para saber si estáis atentos (¡Uuuuuff! ¡Qué cuele la excusa! Jajajaja)

      Aunque nadie se ha dado cuenta aún de que el Niño Rata al final se convirtió en el Niño Rato jajajajaja... menos mal que ya lo edité jajajaja...

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  6. Otra fiesta en la que el aburrimiento no ha tenido cabida, jeje. La pequeña Rukkia no tiene un día de descanso.

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  7. ¡Aquí se vamos a celebrar hasta los no cumpleaños! Jajajaja... ¡Dónde esté una tarta! Jajaja

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  8. Madre mía, qué imaginación tan fabulosa.

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Gracias por transmitirme tu cariño con este comentario...

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