RukkiReportera. La Pequeña Lupita.

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Estrenamos nueva sección en el revolero mundo de Rukkia. Hoy toca entrevistar, de una forma rukkiana, a aquellas personas importantes de mi entorno que aportan un algo especial al mundo. 

La primera persona que se va a sentar en el triciclo de Rukkia, para acudir a la entrevista será, mi gran amiga Lupe, a la cual debo la existencia de este blog. Sin ella no hubiese tenido la valentía para llevar este proyecto adelante. 

Fue mi hada madrina y revoloteó durante varios meses a mi alrededor preguntándome como iban los cuentos de Rukkia, incluso a veces tuvo que despertarme de largas siestas de inactividad. 

¡Esto va por ti, Lupe! 



Hacía muchos días que el cielo solo daba calor y sudor. Y dejaba pegajosas mis ceras de colores. Las plantas del jardín suspiraban con la lengua afuera, hasta Sonia buscaba los lugares más oscuros de la casa y permanecía allí escondida, ronroneando, hasta la noche. 


Pero aquella tarde de septiembre el sol se puso a bailar con dos esponjosos acompañantes. Brincaron, hicieron un salto mortal e incluso movieron los bracitos como si estuviesen corriendo con cara de velocidad, pero sin moverse del sitio. Y el suelo se llenó de gotitas de sudor. 


Un montón de monstruitos de barro estaban disfrutando de los charcos y me llamaron. Pero mamá me frenó con una frase de las suyas: «¡Hoy no sales al jardín!». 

Arrastré los pies hasta el sofá, me senté y encendí mi ordenador de Mickey Mouse. Una voz aflautada me dio la bienvenida mientras un ladrido de Pluto se repetía una y otra vez. 

Pulsé el botón de la granja, pero el perrete continuaba ladrando. Mamá me regañó por tanto ruido. Encogí mis hombros y puse una mueca retorcida en los labios. 

Agité el ordenador hasta que una diminuta hada cayó desde uno de los orificios de los altavoces. 


    ¿Quién eres? — pregunté con cara embobada.

    Me llamo Lupita.

    ¿Vives en mi ordenador?

    ¡No! — dijo alargando la letra o—. Mi casa está en el barrio de Manolito Gafotas. ¿Lo conoces?

    Creo que no, si está más lejos que mi cole —me quejé —. ¿Y cómo has ido a parar a mi ordenador? 

    Digamos que estoy corriendo de unos niños y un gran perro. ¡El perro me da mucho miedo! Y los niños… los niños me dan pánico. Mi madre me había mandado a comprar una pescadilla para preparar para la hora de la comida. Yo volvía tarareando la canción del abuelo fue picador, de Víctor Manuel. Mi padre me había regalado la cinta y la escucho a todas horas. Entonces me encontré con aquel perro que enseñaba los dientes y me gruñía. Me puse muy nerviosa, incluso la pescadilla se puso a temblar. Solté la bolsa y salí corriendo en otra dirección hasta aquí. Busqué un sitio seguro y me escondí en este trasto de voces de animales.

    ¿Y tus papás? ¿No te estarán buscando?

    ¡Sí! Puede que sí… aunque siempre he vivido en mi mundo particular. Porque cuando llegué a casa había una niña pequeña y no pudieron hacerme caso. Al poco llegó otra niña, que daba mucha guerra, y tampoco podían atenderme. Así que siempre he estado con la nariz dentro de un libro. Para la lectura he sido muy precoz. Mi padre lee las novelitas de Marcial Lafuente Estefanía y mi madre las de Corín Tellado. Yo, a escondidas, leo las dos, pero me gustan más las del oeste —dijo lanzando disparos con los dedos en forma de pistola —. Ahora estoy leyendo el diario de Ana Frank, va de una niña que se esconde, como yo, de perros malvados.

    A mí me gusta pintar. Intento no salir del dibujo, pero eso limita demasiado mi creatividad. ¿A qué te gusta jugar?

    Mi juguete favorito es el palomitón. ¡No veas que ricas están las palomitas! Lo mejor es poner los ingredientes con el cacito y observar cómo se van haciendo.

    ¿Piensas quedarte para siempre dentro de mi ordenador de Mickey Mouse?

    ¡No! Quiero irme a Baena. Allí hay un señor que lleva un cilindro con una ruleta y salen caramelos. Tiene un nombre, pero no me acuerdo… palito saca-caramelos o algo así.

    Seguro que mi mamá sabe hacer cositas de esas. Mi mamá es una repostera muy lista y sabe hacer de todo, sino se lo inventa. Lo mejor es que yo soy su conejilla de delicias. Me encanta cuando hace experimentos de chocolate. ¿A ti te gusta el chocolate?

    Sí, me gusta en bocadillo. Y también el hoyo: es un pan con aceite y azúcar. Y la mantequilla de tres colores. Y…

    ¡Quiero un hoyo de esos! —grité.  


Salí corriendo hasta la cocina con Lupita sobre mi hombro. Puse el taburete delante del mueble-cárcel de los panecetes y lo abrí. 

Desperté a un pan panzón con un fuerte pellizco que le hizo soltar una súper carcajada mientras tomaba un trocito para mi bocadillo. 

La aceitera vino bailando salsa hasta la mesa y se quitó el sombrero flamenco para saludarnos. Se inclinó, removió el culete y soltó un chorrito sobre el pan. 

Lupita espolvoreó un poco de azúcar. «¡Más azúcar! ¡Un montón más, más!», le dije alarmada. 


Mientras masticaba pensé en cómo hacer que Lupita llegara hasta el lugar ese del señor de los caramelos. Aquella merienda estaba deliciosa y no me permitía concentrarme mucho.

Entonces salté del taburete y fui hasta mi cuarto. Busqué en la caja de juguetes hasta encontrarlo. Lo agarré y lo llevé hasta la cocina, donde Lupita apuraba los restos del hoyo. 


    Esto podrá llevarte allí —dije nada más entrar.

    ¡Qué bien! Siempre he querido viajar en avión como azafata —me informó Lupita toda motivada —Antes quería ser monja, pero aquello no cuajó.   

    También te traigo esto: es una piedra mágica que me dio mi abuelita Mariló. Cuando tengo miedo de algo la acarició con mis dedos y me hago invisible para la cosa que me da miedo, así no puede verme y no me hará nada...

    Pero… tú te quedarás sin ella.

    Yo ya soy grande. Ya puedo mirarle por encima del hombro a la lavadora.

    ¡Muchas gracias, Rukkia!


Lupita se subió al avión. La vi por las ventanitas como daba órdenes a los pasajeros. Hacía gimnasia con los brazos indicando las cosas buenas que hay que hacer para que el viaje fuera perfecto. 

El avión arrancó y salió volando por el salón. Giró delante de la cabeza de mamá, que estaba hipnotizaba mirando el canal huevo frito. Corrí para abrir la ventana y el avión se perdió entre las nubes bailongas. Le dije adiós con la manecita y le arrojé muackiles de mariposa.




 



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14 comentarios

  1. Está genial, pero hay que corregir alguna cosilla. Besos.

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    1. ¡Sacaré los rotuladores para arreglar el estropicio! Jajajajaja...

      Yo también creo que deberían haber hecho el hoyo más grande y con más azúcar jajajaja...

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  2. ¡Qué bonito! Estupendo regalo de cumpleaños.
    Muchas gracias, revolera.

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    1. ¡Todito para ti, tita Lupe!

      Mi manera de agradecerte todo y más allá.

      ¡Un muackiles!

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  3. Me ha encantado la historia de Lupita y has encajado a la perfección el personajes en el mundo revolero. Es una historia divertida y entrañable.
    Feliz lunes.

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    1. ¡Martina estate alerta! Cualquier día caes tú jajajajaja...

      ¡Un muackiles!

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  4. Me ha encantado ver a Lupe como Lupita. Podríamos jugar a ver en los demás el niño o la niña perdida, esos que siguen ahí dentro soñando bajo la espesa dura capa del adulto.

    Un abrazo para ti y otro para la cumpleañera.

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    1. Gracias Matisel.

      En defitiniva los reportajes-cuentos de la RukkiReportera se basan en entrevistar sacando el lado infantil de todos, recordando aquella niñez.

      ¿Estáis preparados para el siguiente entrevistado? Pues hasta mediados de octubre nada de nada... jajajajaja... Poquito a poco, para no empachar jajajajaa

      ¡Un muackiles, Matisel!

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  5. ¿Quién será el/la próximo/a que hablará a través del micrófono de Rukkia?
    ¡Qué suerte tienen las dos! Y que ganas de comer chocolate me han entrado.
    Un beso para la cumpleañera y muchas felicidades. Y también para la revolera.

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    1. ¡Cuidado! En cualquier escondite inesperado estará Rukkia para entrevistaros.... jajajaja

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  6. Me encanta, como todo lo que haces. Princesa, ¡qué imaginación tienes!

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    1. Algo habré heredado de mi abuelita jijijiji....

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  7. Encandilada me dejas con cómo cuentas las cosas, no lo pierdas nunca, ni cuando te hagas mayor, que creativas como tú hay pocas. un beso ^_^

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  8. Vuelvo a darte la gracias. Me encantó en su día y hoy, al volver a leerlo, aún más. Incluso un poco de nostalgia por esa niñez perdida.
    Un año ya, y cómo ha crecido el blog.
    Muchos besos, revolera.

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