Capítulo 8. Un Día Tristón.

17:34




Fue un lunes tristón. Me imaginaba a la abuelita Mariló encerrada en una habitación oscura, vigilado por gigantes dinosaurios con pistolas de regaliz que no dudarían en hacerlas disparar. 

En clase estuve muy callada y la seño Marga me preguntaba a cada momento: «Rukkia, ¿buscamos tu lengua debajo de la mesa?». Cuando mis padres volvieron de la comisaria yo estaba dormida en casa de Lalina, ni siquiera me percaté de que me trasladaron a mi cama en mitad de la noche, como si fuera una procesión. 

Cuando abrí los ojos tenía a Sonia aplastándome la tripita. Pregunté a mamá por la abuelita y me dijo que estaba bien, pero no quiso contarme que le había ocurrido para acabar con todo su esqueleto roquero en la trena. 

Al volver del cole delante de casa estaba aparcada la caravana  de la tita Lupe. La había forrado con las cortezas de árboles heridos, a los que curaba y alimentaba. En el techo crecían, con una libertad desordena, varias ramas cargadas de frutos junto a varios cubos para recoger agua de lluvia. 
 




No me despedí de Lanila, que con su sombrero rosa a juego con el de su madre, permaneció en la entrada admirando la furgocasa. Golpeé con mis puños la puerta y mamá me abrió sin dejar de hablar con la tita algo sobre una camiseta verde. 

Lupe estaba de pie en mitad del salón con Sonia en los brazos, quien se movía hipnotizada por las carantoñas. Encima de la mesa baja había una bandeja de cupcakes de zanahoria, los favoritos de la tita, además de un paquetito envuelto. 

Un mareo divertido me nubló la mirada y convirtió a mi cuerpo en un autómata para correr a por el regalo especial. Lo agarré en mis manecitas mientras la tita Lupe colocó un dedo sobre mi frente, apuntándome y recriminando que no podría abrirlo hasta que un sonoro beso hiciera temblar el lazo que lo envolvía. 

La besé, apreciando de cerca como su cabello rubio empezaba a ennegrecer, mientras rasgaba el papel a pellizquitos. Sonia saltó de sus brazos y sacó una uña, que brilló con el resplandor de los rayos solares. Rasgó el envoltorio para descubrir una pequeña botella de cristal donde la tita había construido el pueblo en miniatura con materiales reciclados. Intenté averiguar cuál era mi casa y solo el letrero rosado con la carita de Bob Esponja me lo chivateó. 



Mamá me informó de que los mayores debían de hablar cosas súper sosas y aburridas, y que me fuera al jardín. Las conversaciones de los adultos siempre son un rollo molollo. Intenté quedarme allí, pero la puerta se cerró dejándome atrapada en el exterior. Aplasté mi cara contra la cristalera, abriendo y cerrando la boca, formando un vaho como si se tratasen de señales de S.O.S., pero nadie acudió en mi ayuda. 

Me senté en el césped y admiré el regalito. Al otro lado de los abetos unos ruidos bruscos me alertaron. Estaba siendo espiada por mi vecino: el Niño Rata. Me coloqué enfrente de aquella respiración que se atragantaba y pregunté en voz gritona si alguien estaba al otro lado. Como respuesta recibí un eructo salchichonero. 

Agarré una ramita delgada y pinché con ella por entre los arbustos hasta que el Niño Rata gruñó: «Asesina, me has pinchado. Eres tan mala como la delincuente de tu abuela». Retrocedí unos pasos para tomar carrerilla y lanzarme contra el Niño Rata, pero la valla de separación evitó que alguien hiciera algo que enfadaría mucho a Papa Noel. 
 


Agarré la manguera y abrí el grifo, una lluvia empapó al niñato que corrió hasta su casa mientras malgastaba mentiras sobre mi abuelita Mariló.  El pelo de la tita Lupe no había fallado: esa tarde habría tormenta. 

Sonia me preguntó si estaba regando alcornoques y justo cuando yo le iba a explicar, de mala gana, que no teníamos de esos árboles, entendí el chiste. Cerré el grifo mientras ella me contaba que si la tita Lupe había venido desde tan lejos era porque el problema con los maderos y la abuelita era bastante complicado. Nuestra Mariló estaba implicada en una red malvada de cosas malignas, pero yo seguía queriéndola con todo mi bizcochito. 



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10 comentarios

  1. Vaya con la abuela Mariló, así que no es solo que se le hubiesen quemado las galletas... Aun así, me da mucha penita.
    Mucha razón en lo de las conversaciones. En mi no tan lejana infancia siempre me aburria como una ostra cuando se juntaban y hablaban de "cosas de mayores".

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    1. ¡Los mayores son un rollo molollo! Jajajajaja

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  2. Pobre Mariló, en lenguas de todo el mundo cuando es una abuelita fenomenal.
    Me he perdido un poco al final. ¿Sonia, no es el gato?¿Habla?
    Bien, por poner al niño rata en su sitio.
    Besos.

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    1. Parla sin parar jajajaja.... aunque creo que solo Rukkia la escucha jajajajaja...

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  3. Me encanta mi casa rodante y mi pelo bicolor.

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    1. Tita Lupe, te van a llamar para dar el tiempo jajajaja...

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  4. ...su esqueleto roquero en la trena"... Ja, ja, ja, hay frases super chulas que te sacan una sonrisa. Y lo del pelo y la casa de tita Lupe, para mondarse.
    Tienes un don, Sonia...

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    1. Sus dotes "mágicos" hacen muy especial a la tita Lupe...

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  5. Sigo intrigada y con mi esqueleto roquero en la trena... A ver si averiguo de una vez de qué se me acusa... Besos.

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    1. ¡Espero que de algo muy grande y chocolatizable! Jajajajaaja....

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