Capítulo 7. La Cosa Mala de la Abuelita.

15:39





 Mamá me entregó una canasta de mimbre, el interior estaba decorado con una tela plastificada. Caminé detrás de ella agarrando con ambas manos la cesta. 

Me distraje pensando en qué dibujaría en el libro mágico: primero unas diminutas hadas sabelotodo para que hicieran mis deberes del cole y después un gran oso con ojos brillantes para que fuera mi criado.

Mamá recogía caracoles brillantes pegados en los troncos, hojas amarillentas y azuladas de los árboles más ancianos, la piel seca que habían mudado los duendes, cáscaras de pajaritos recién nacidos y flores ancianas. 

Cuando volviéramos a casa haría una gran hoguera con todo. Y ese fuego mágico hornearía todos sus pasteles. La casa olería y sabría durante días a esa mezcla de pequeñas cositas especiales. Ese era su grandísimo secreto.






Mamá no me regañó por entregarle la canasta vacía, me sonrió y me metió prisa para que volviéramos a casa. 

Me puse tan nerviosa que no pude abrir la puerta coche y ya me veía allí sola mientras el coche se alejaba. De repente la pared metálica se abrió sola y subí corriendo, tropezando mil veces en ese simple escalón.

Al llegar a casa papá estaba despierto y hablaba en el jardín delantero con el sheriff Llorens, que permanecía de pie con ambas manos a cada lado de la cadera. 

Podía imaginármelo andar con las piernas separadas dando grandes zancadas detrás de los malos. Su piel tenía un marrón achocolatado de quien se ha pasado la vida al sol trabajando. Solía acabar cada una de sus frases con una amplia sonrisa en la boca, por eso no se conocía a ningún enemigo suyo.

Mamá se aproximó hasta el señor Llorens. Él tenía en los pies unas cuñas adheridas a los zapatos, que lo hacían muy alto. Debajo de su uniforme se divisaba el atuendo de ciclista. Si lo mirabas detenidamente podías apreciar un falso esqueleto formado por partes de una bicicleta.

Un rasguño seco de vidrio me advirtió de que Sonia estaba en la ventana llamándome, tenía mi libro sujeto entre sus peludas manos. Me desplacé andando de lado por detrás de aquellas personas mayores y aburridas hasta llegar al salón.

Cogí el libro, acaricie su cubierta y lo abracé contra mí. Olía igual que las mariposas mágicas de anoche. Mamá entró corriendo junto con Lana, las dos hablaban tan rápido y solo pude entender que la abuelita la había liado muchísimo y que el sheriff la había castigado en un oscuro calabozo.





Cuando lo pude asimilar todo dejé caer el libro al suelo, lo pisé caminando hasta donde estaban mis padres. Mamá me rogó que no siguiera llorando, pero yo no estaba llorando ni nada por el estilo. Aquello sería un sudor frío por la emoción del libro, estoy súper segura.

Lana me agarró en brazos, me elevó mientras veía al coche de mis padres perderse siguiendo al del sheriff. 

La mamá de Lalina me secó las lágrimas con la palma de la mano y me prometió un batido de chocolate con gominolas. Pero aquel día no probé ni un solo sorbo. 

El libro permaneció en el suelo durante toda la mañana, una niña preocupada tenía la cara pegada contra el cristal de la ventana esperando que un coche volviera con tres personas cabezonas dentro, y a una de ellas le reñiría mucho, quizás un poquito o nada después de darle besitos de mosquito.


De seguro también te gusta...

16 comentarios

  1. ¿Qué habrá hecho la abuelita Mariló?

    ResponderEliminar
  2. Vaya con la Rukkia, qué mundos se construye. Deben ser los chuches los que la transportan. Sigue ahí mucho tiempo, sin bajar a este, donde hay muchos Rajoys que te recortarían tus preciosas alitas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡De aquí no me mueve ni Doraimon! Jaajaja...

      Un muackiles, Lorenzo.

      Eliminar
  3. ¿La abuelita malosa???? Qué intriga. Imagino el olorcito del fuego con la mezcla de la mami. Cuánta magia hay en esta entrada.
    Muackkkkk

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El primero que sepa algo que me lo chive jajajaja...

      Un muackiles, Martina.

      Eliminar
  4. Yo siempre al quite para que no te pongas triste. Jajaja.
    Ahora a ver qué pasa. Buena historia

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lana-Lalina al rescate jajajaja....

      Pobre vecina, siempre le encasquetan todo jajajaja...

      Eliminar
    2. Buenooooo!!! esto va de mal en peor ¡Cuánta intriga! A ver que ha hecho ahora la abuela... ¡esta yaya! Pues nada aquí nos quedamos a la espera de más capítulos comiéndonos las uñas.

      Eliminar
    3. ¡Ya tenemos el capítulo ocho recién sacado del horno!

      Aunque pronto sabremos qué le ocurrió a la abuelita Mariló y es una falta o un delito jajajajaja...

      Eliminar
  5. ¡Pobre abuelita Mariló! Una mujer que regala libros mágicos a su nieta no puede ser mala. Seguro que ha sido un malentendido. Igual le estaba preparando un chocolate caliente a la pequeña Rukkia y ha prendido fuego a su cocina sin querer. Quién sabe.
    Por cierto, muy buena la apariciòn de Llorens. ¡Un sheriff ciclista! El papel le viene que ni pintado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo no me fiaría de nadie del pueblito de Rukkia jajajajaja...

      Eliminar
  6. Ay la abuelita Mariló... ¿se habrá comido al lobo ella solita?

    ResponderEliminar
  7. Yo creo que ha sido más que una simple trastada. La abuelita Mariló se va a quedar muchos días sin postre....

    ResponderEliminar
  8. ¡Ay Rukkia, me veo con los huesos artríticos en la cárcel..! En fin, ser una abuela diferente que además pasa a la sombra (y no de un olivo) algún día es un papel muy interesante. A ver que he hecho esta vez
    Voy a por el siguiente....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Ya me veo a la Meryl Streep comprando los derechos de la obra para interpretar a la abuelita Mariló!

      Eliminar

Gracias por transmitirme tu cariño con este comentario...

Google+

RukkiFans